Por encima del comprensible impacto emocional que se produce en la persona afectada, es absolutamente prioritario cuidarse más que nunca y hacer cuanto sea posible para prevenir complicaciones.
Hay que pensar que la información bien transmitida y asimilada es la mejor arma de que se puede disponer para no caer en el extremo opuesto: restar a la enfermedad la importancia que tiene. Por tanto, ya que para las mujeres afectadas cualquier molestia ligera representa un aviso importante, es obligado recordar a las mujeres de la propia familia, especialmente por vía materna, lo siguiente:
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Que acudan a la consulta de un especialista experto en patología mamaria o senología como única respuesta a cualquier síntoma que se presente.
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Que no eludan jamás la revisión ginecológica anual.
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Que observen y palpen periódicamente, sin temor ni prejuicios, sus propios senos, y que se hagan una mamografía preventiva y de calidad cada 1-2 años a partir de los 40-50 años.
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